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Música para acabar la semana.

Prometo no faltar tanto a este blog.

Cogeré más ritmo.

Y para acabar la semana, el ritmo de Ray Charles.

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Música para acabar la semana.

Desde Francia viene una voz fuerte y rasgada, un estilo que aúna nu-jazz, soul, un poco de chanson… se trata de Zaz:

 

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Música para acabar la semana.

Es tiempo, son días, de hacer camino, para quienes no persiguen la gloria, pero caminan, para los que aman los mundos sutiles.

 

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Música para acabar la semana.

Hay canciones que tres años después no han perdido actualidad, con el ruido crispador.

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Música para acabar la semana.

En ocasiones, hay músicas perfectamente fusionables. Y más, si las dirige Carlos Saura.

 

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En el Día del Español.

El español es la segunda lengua nativa del mundo, sólo superada por el mandarín. Hoy celebramos su día, aunque a diario no la tengamos tan presente como debiéramos.

La palabra más votada este año, de acuerdo con el concurso abierto por el Instituto Cervantes, ha sido “Querétaro”, nombre de una ciudad mexicana, pero siempre, durante siglos, podremos hacer el concurso de un idioma enorme e inacabado: quilombo, fraternidad, república, esencia…

Yo, por mi parte, dejo un pequeño homenaje:

No decía palabras…

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Luis Cernuda

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Música para acabar la semana.

Un poco de circuito madrileño.

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No sólo el guión.

La manufactura del cine británico siempre se ha basado en muy buenos guiones, pero también en la impecable puesta en escena, en los escenarios y en el vestuario, tanto del cine de época como del que se ambienta en años más recientes.

“Ana de los mil días”, “Cromwell”, “Un hombre para la eternidad” son películas ambientadas en los siglos XV, XVI y XVII y desarrollan enormes despliegues de puesta en escena y vestuario, sin que el cine europeo continental o el cine americano les hayan logrado hacer sombra.

Recientemente hay dos títulos que quiero destacar. Por un lado, “La Duquesa“, en la que Keira Neightly interpreta a la duquesa de Devonshire, esposa del estricto duque, interpretado por Ralph Fiennes, obsesionado tanto por su carrera política como por perpetuar su saga con un varón, verdadero motivo de su matrimonio.
imagen la duquesa 5 No sólo el guión.

En esta película, volvemos a ver el despliegue del cine británico, que no ha perdido su capacidad de llevarnos al ambiente de cada época, con todo lujo de palacios, campiñas, jardines, vestidos, música, bailes…

Y por otro lado, la genialidad de “El discurso del rey“. Ya no sólo por el reflejo más o menos fiel y poco caracterizado de la llegada de Eduardo VIII y Jorge VI al trono, sino porque, aunque apenas se ambienta ocho décadas atrás, logra hasta en el último detalle (desde el micrófono del principio de la película hasta los nudos de la corbata del príncipe Alberto, pasando por los sombreros de la princesa Isabel) a la época en que se desarrolla. Pero lo importante no es sólo que te transporte en lo que a la realeza se refiere: la casa, la ropa, el jersey de lana, la tetera, el sofá de la casa de Lionel Logue (interpretado por Geoffrey Rush) son los de una familia de clase media británica de aquella época.

el discurso del rey 300 px No sólo el guión.

Y, ciertamente, con ambientaciones así, se tiene hecha casi media película, respaldada por guiones sólidos, donde la realidad histórica no sale mal parada de las aportaciones originales.

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¿Collage?

No hay más ruido en la noche que el jodido despertador, convertido en instrumento de insomnio. Apaga el Sol, que hace frío. 1-7-8-9, el año de la Revolución. La cara del marino cuando ve que el barco que se aproxima también se ha amotinado. No te tiñas de rubia si tienes las cejas negras. Variaciones: piedra, papel y mechero. Lo que no sé es cómo no terminamos en la cama. Bueno, en realidad, terminamos en la cocina, menos mal. Me bajó una musa y me quedé dormido. A la mañana siguiente vino otra, y no me acordaba de lo que me dijo la anterior. El nuevo mensaje era más sobrio.

¿Has dicho John Coltrane? Esa señora me pirra. ¿Tarta al whisky? Dame tarta y luego ya veremos lo que bebo. El 90% de las escaleras del Metro tienen un número impar de escalones. ¿Puede ser la línea recta el camino más corto hasta tus curvas? Que alguien le diga a los Who que no se muevan de la pared. El Metro de Madrid está lleno de encuentros casuales, y eso nos lo permite y fomenta la velocidad que lleva. El Sol que se filtra por la persiana.

Nada es lo que parece. Bautismo de fuego no es meter la cabeza del niño en una hoguera. Seremos de todo menos cursis. Lo que no entiendo es cómo terminó aprobando Economía Política. Gente que no usa auriculares y gente que, aunque los use, nos transmite su música por encima del volumen de la nuestra. Ascendiendo para el cadalso, en Montmartre. Esos zapatos de punta, raídos. No puedes estar otros 20.000 kilómetros sin cambiar el aceite. Camisas a medida, a medida de once varas. Tiene cuentos dentro del cuento. No trabaja porque está contra el sistema. País extremista: o apesta a sudor o a perfume empalagoso. Dos gripes al año equivalen a cincuenta películas. Madre, cambie este pañuelo porque vuelven los delirios. Carteristas en traje de faena. Café.

Grupo sanguíneo: Merlot, Cavernet-Sauvignon. Petroleros ardiendo. Me mordió el lobizón. Y en el asiento de enfrente, un rostro de repente, barrio malevo, melodía de arrabal. Mienten y saben que mienten. Hay dos Españas y ésta que me he tragado no es la mía. El hambre y la escasez de tiempo son aliadas entre sí, y enemigas del buen comer y del mejor cocinar. Morderte debe ser como darle un viaje a esos bizcochos con pepitas de chocolate. Excusatio non petita, hipoteca denegada. Fumigaré el tomillo con napalm antes de echarlo al cordero asado. Stay, little Valentine, stay ahí quietecita. De todos los cafés del mundo, tuvo que elegir el mío. ¿Cómo? ¿Que no la has visto? Joder, no acierto con las teclas, como si descendiera por tu escote. Vino blanco, muy frío. Ulises, pero con plano nuevo del Metro. Órdago, sin par ni juego, pero con tus cartas.

No existen los santos, ni mucho menos las beatas. La rectitud se define a veces por oposición a los bandazos. Como te coja… te pongo ruedines. Apaga la tele, que se enteren los vecinos. Maldito perro. Anda y mira para otro lado, el problema de la mierda no es sólo no verla, sino no olerla. No critiques lo que no puedes comprender. El tamaño importa. Revisores en el Metro. Vale por un gintonic. Segovia: ese refugio. Habrá que volver a los Lumiere, y empezar de cero, porque en el cine conocemos el principio, no como con la música. Grandes mentiras del mundo. Balada del que nunca fue a Granada. Aquí lo que hay es mucha puta y mucho hijo de puta. Zapatos nuevos. Serás gorrón. Ascensores de medio piso. La fotografía digital es como mear sentado. Ésos sí que sobrepasan niveles.

Carlos III bajó de su caballo y con voz profunda se pasó a la metadona. Palabras que sólo unimos los humanos: matanza y fosas. Los grandes crímenes siempre tienen algún cáncer: Pinochet, Mladic. Tela marinera. ¿Qué precio tiene el valor de trabajar y no cobrar? Eso, eso, sal de la trinchera. Hay algo mejor que estar en el sitio correcto en el momento justo, que es presentarse sin avisar. Cadenas de plata en los tobillos. Ese olor. Por no tener no tiene bañera donde cortarse las venas. Vivir de la novela. Castrados. A eso le llama música para follar. Comisiones bancarias: nuevo sindicato. Subirse solo al ascensor y que te diga que hay sobrepeso de verdugos. Vinieron dos hombres. ¿Interjección o vocativo? El que rindiere plaza al enemigo o se pusiera bajo sus banderas en armas contra España… gol de Iniesta.

Meninas, perros. Bomberos pirómanos con cortinas de humo. Hago chas, y aparezco encima de ti. Venimos en son cubano. Pelusas en la sopa. Los siete males: do, re, mi, fa… Pericia, señor Pullings, pericia. ¿Por dónde íbamos? Ah, sí.

 

 

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Pensando en Celaya.

Hoy, 18 de marzo, se cumplen 100 años del nacimiento de Gabriel Celaya, uno de nuestros mejores poetas del siglo XX, que supo aunar lirismo y compromiso social.

Célebre es el poema que le dedicó a Pablo Iglesias (A mí que me den hombres/ -los trepadores, ¡fuera!-,/ a mí que me den hombres/ como Pablo Iglesias…).

Yo os dejo con este otro:

Despedida

Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.

Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.

Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.

Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

Despedida 

Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.

Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.

Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.

Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

 

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