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Risotto de setas.

Por un lado necesitamos un caldo de pollo.

Por otro, en una olla ponemos a freír a fuego medio-bajo apio y cebolla bien picados. Añadimos arroz (un cacillo por persona). Vamos removiendo. Cuando el arroz y la cebolla empiezan a estar transparentes, agregamos vino blanco (o Martini bianco si tenéis). Y empezamos a remover para que no se pegue.

Respecto de las setas: o se compran crudas y basta con limpiarlas al grifo, secarlas, quitarles el tallo y cortarlas; o se compran secas y se ponen a hidratar en un tazón con caldo de pollo bien caliente, se tienen tres minutos, se sacan y se les corta también el tallo y se las parte.

Mientras, hemos ido añadiendo al arroz cacillos de caldo a demanda, según se fuera quedando pastoso, y removiendo para que no se pegue en ningún momento. Si hemos usado setas deshidratadas, le añadimos el caldo donde hemos tenido las setas, cuidando de que no nos hayan dejado tierra en el mismo. Añadimos caldo, y removemos… hasta que el arroz se vaya haciendo. Cuando veamos que al arroz le falta poco, echamos las setas partidas y seguimos removiendo.

Cuando el arroz esté casi hecho, echamos un buen dado de mantequilla y sal. Mezclamos hasta que la mantequilla se funda y quede bien mezclada. Rectificamos de sal. Echamos parmesano rallado.

Dejamos de remover, le ponemos la tapa a la olla, lo retiramos del fuego y dejamos que repose tres minutos.

risotto setas Risotto de setas.

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Salmón en papillot.

Esta receta es muy simple con una técnica muy sencilla: el papillot.

Se pone a calentar el horno a 190º, sacando previamente la bandeja.

Por una parte, se pochan en una sartén a fuego bajo un puerro, una rama de apio y una zanahoria cortados en juliana.

Por otro lado, se coge un trozo de papel de aluminio de unos 50 cm de largo y se pone sobre la bandeja del horno, sobre el papel se pone una rodaja de salmón (de 1,5 cm ó 2 cm de grueso), a la cual se le echa sal por ambas caras.

Cuando la verdura de la sartén esté pochada, se pone junto al salmón, escurriendo bien el aceite. Se echa sal sobre la verdura.

Se cierra en un pequeño paquete el pliego de papel de aluminio con el salmón y la verdura dentro. Se mete la bandeja del horno con el paquete que hemos hecho (hay que cerrarlo bien para que nada quede “al aire”).

Se tiene en el horno unos 13-15 minutos (depende del grosor de la rodaja de salmón: cuanto más gruesa, más tiempo).

Pasado ese tiempo, se saca la bandeja, se abre el paquete y a comer. El salmón habrá pasado a tener un color más blanco, que indicará que está ya hecho.

salmon papillot Salmón en papillot.

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Macedonia de frutas.

Algo sencillo y nutritivo.

Yo parto un pomelo, dos mandarinas, una manzana y un par de plátanos, lo mezclo todo con una buena cantidad de azúcar.PA313356 300x219 Macedonia de frutas.

Por otro lado, a una taza le echo el doble de azúcar que de agua (una manera rápida de hacer almíbar). La meto en el microondas hasta que casi rompe a hervir. Lo saco del micro y dejo que se enfríe. Y luego se lo echo a la mezcla de la fruta y del azúcar. Y listo.

(Cuidado si hacéis el almíbar en un cazo y con fuego, las quemaduras de azúcar son las más dolorosas).

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Pasta con salmón.

No siempre es fácil hacer una buena combinación de pasta y pescado. Así que quizás a algunos no les termine de convencer. A mí, sí. Allá voy.

Se pone agua a hervir, con sal, una hoja de laurel y un chorro de aceite suave.

Cuando rompa a hervir, se echan unos macarrones a cocer por 15 minutos, removiendo para que no se peguen.

Por otro lado, en un plato hondo, se echan un par de dados de mantequilla (o aceite de oliva, por ser más sanos, pero el aceite le da más sabor y puede tapar el resto de sabores).

Se preparan unas virutas de salmón ahumado y un queso en pepitas (un mantecoso, si puede ser, y que tenga sabor intenso). Se reserva para después el salmón y el queso, mezclados.

Cuando la pasta esté cocida, se echa en un escurridor y luego al plato, de modo que con el calor funda la mantequilla, removiendo bien, para que los dados se derritan enteros.

Se añade sal (probar antes la pasta sola, para no pasarse), el salmón y el queso, y luego eneldo y un poco de miel (una cucharada de café). Se remueve todo.

Con el calor, el salmón puede ponerse algo más fibroso, pero es normal.

Se acompaña de vino blanco para beber.

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Dorada a la espalda.

Lo primero que necesitáis es una dorada, que en la pescadería tenéis que pedir para poner a la espalda. El corte es longitudinal y la espina se queda en una de las dos mitades. Que no le quiten la cabeza, porque suelta jugo y deja la salsa con mucha más calidad.

Ponéis a calentar el horno a 190º.

En la bandeja del horno ponéis un fondo de aceite de oliva. Encima ponéis la dorada, abierta de par en par y con la piel para abajo.

Partís un diente de ajo en rodajas, repartís las rodajas por encima de la dorada… y echáis a todo ello sal y pimienta. Posteriormente, le echáis un chorro fino de aceite de oliva por arriba.

Con el horno ya precalentado ponéis la dorada unos 13-15 minutos. Si la dorada es pequeña, para una persona, son 13 minutos. Si es más grande, son 15 minutos. El truco está en sacarla del horno cuando la carne se haya puesto blanca. Si veis que anda seca y el aceite ya no chisporrotea en el horno, abrís el horno, sacáis un momento la bandeja, echáis un poco más de aceite y completáis el tiempo que falta.

dorada 300x160 Dorada a la espalda.Cuando se termine el tiempo y la dorada tenga la carne blanca, la sacáis del horno, la pasáis a un plato… y a comer.

(Variaciones: yo también suelo ponerle medio limón en rodajas además del ajo y, cuando se está haciendo, le echo en el horno el otro medio limón en zumo).

Espero que os guste.

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Caldos y consomés, que llega el frío.

Llegáis a casa del trabajo y tenéis el cuerpo destemplado, con ganas de descansar tranquilamente y cenar ligero.

caldo 300x173 Caldos y consomés, que llega el frío.Pues bien, aquí van las variantes principales de caldo: pollo y ternera.

Ponéis al fuego medio una olla alta, con el fondo cubierto de aceite (que no llegue ni a un dedo).

Todo se basa en un apio, un puerro, una zanahoria, una patata, un nabo, una cebolla, un diente de ajo, todo ello pelado y troceado, con excepción del diente de ajo, que lo echáis entero y sin pelar.

Cuando el aceite ande humeando, le echáis todo lo que acabáis de trocear, más el ajo. Dejáis que se dore unos minutos (dadle vueltas!!) y, a continuación, le echáis (y esto va por variantes):

  • Si queréis caldo de ternera, un trozo de morcillo de ternera y un hueso de ternera para caldo (podéis pedirlo así en la carnicería).
  • Si queréis caldo de pollo, una zanca de pollo y un hueso de jamón. Dejáis también que se tuesten un poco con el calor que suba del aceite y la verdura…

Dos o tres minutos después echáis agua hasta que lo cubra todo y un poco más (depende de la cantidad de caldo que queráis, contando con que siempre se evapora algo, y dependiendo de lo fuerte o rebajado que lo queráis).

Subís el fuego a medio-alto (en números, del 0 al 12, ponedlo al 9) y hala, esperáis que rompa a hervir. Le tenéis que poner la tapa, pero mejor que la pongáis torcida y dejéis una rendija para el vapor, para que no rebose el caldo al hervir. Según cómo lo queráis de fuerte o no, lo dejáis una hora, hora y media o dos horas.

Luego os toca sacar el caldo y quitar todo lo que ha servido para hacerlo. Podéis sacar algo de caldo con un cacillo, para que la olla pese menos, y luego volcar la olla con la tapa en una más pequeña. La tapa os servirá para que sólo pase el caldo.

Con lo que sobra y está cocido podéis (quitando los huesos, claro) hacer un puré, aunque quedará un poco insípido, porque toda la sustancia os la habéis llevado en el caldo.

Parte del caldo (preferiblemente el de pollo) puede servir para un risotto, así que lo echáis al congelador y lo procuráis gastar, aunque esté congelado, en menos de mes y medio. Si al sacarlo del congelador veis que ha cogido escarcha, no lo uséis, ¿vale?

Si por casualidad veis que el caldo se reduce mucho y os va a quedar poco caldo y muy concentrado, podéis echar más agua. Lógicamente, dejará de hervir unos minutos, para luego volver a romper a hervir. Cosas de la Física.

Cuando vayáis a servir cada taza, que cada cual le ponga la sal a su gusto.

Bon apetit.

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Sopa reconstituyente.

¿Sabéis esos días en que llegáis a casa y todo indica que os vais a poner irremediablemente malos con un catarrazo de espanto? Pues a mí me funciona lo siguiente:

Se pone una olla de agua a hervir. Cuando rompa a hervir, bajáis el fuego hasta fuego medio, echáis una cebolla partida por la mitad, dos pastillas de caldo de pollo (la otra versión es tener el caldo de pollo hecho de verdad con pollo y llevarlo a hervir), una zanahoria, medio cacillo de arroz y otro medio de fideos, una rama de romero (yo lo saco del balcón, y lo lavo, claro), una pizca de sal (no os paséis).

Os despreocupáis del asunto unos 15 minutos (bueno, por el medio, le dais unas vueltas, claro). Y entonces le echáis algo de paleta de cerdo en tiras, de esos cachos que son más oscuros y duros, que suelen soltar bien la sal (por eso no hay que pasarse con la sal) y que, cuando están cocidos, son más comestibles. Echáis también un leve chorrito de aceite de oliva (suave).

Contáis 4-5 minutos más (el arroz y los fideos serán la referencia del tiempo). Lo quitáis del fuego y lo servís, con un chorrito de lima (esto va por gustos).

Acompañad de vino y tomadlo bien caliente.

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