En el Día del Español.

El español es la segunda lengua nativa del mundo, sólo superada por el mandarín. Hoy celebramos su día, aunque a diario no la tengamos tan presente como debiéramos.

La palabra más votada este año, de acuerdo con el concurso abierto por el Instituto Cervantes, ha sido “Querétaro”, nombre de una ciudad mexicana, pero siempre, durante siglos, podremos hacer el concurso de un idioma enorme e inacabado: quilombo, fraternidad, república, esencia…

Yo, por mi parte, dejo un pequeño homenaje:

No decía palabras…

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Luis Cernuda

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Reflexiones de la derrota.

Han pasado ya unas semanas, en las que he podido escuchar y dar sosiego a los primeros pensamientos posteriores a la derrota del 22 de mayo. Lo primero que quiero dejar claro es que los problemas que relato a continuación no son generales de todos los ámbitos territoriales del Partido, pero sí deben llevarnos a todos a reflexionar, aludidos o no, empezando por mí mismo.

Hay quien ha querido encontrar en las medidas de ajuste realizadas por el Gobierno, en sí mismas consideradas, la explicación de la derrota. Yo no lo veo así en sentido absoluto o totalizante.

En cambio, sí veo que han faltado dos cuestiones claras: una explicación que llegase a la base social del PSOE (elector, simpatizante, afiliado) de las medidas emprendidas, de sus causas, de sus fines y de las otras opciones que se desechaban al tomar las que se han tomado, de una parte; y por otro lado una explicación de la ola neoliberal que hay en Europa y que el PP representa con un guión inmejorable (aquí puede haber quien diga que esto rozaría el haber llamado al voto del miedo, pero a lo que me refiero es, no tanto a una elección de unos por exclusión o miedo de los otros, sino a que, junto con la claridad de nuestro mensaje, no se ha salido al ataque, a desenmascarar el mensaje del contrario con rigor, con seriedad y con una sobriedad mayor del “que viene el lobo”).

De otro lado, hay dos cuestiones en las que no deberíamos caer: un ejercicio simplista de asociación del resultado con la política del Gobierno y, lo último, culpar al electorado de nuestra propia caída.

En el primer caso, que la derrota haya sido generalizada, y que haya tenido más o menos que ver con la política del Gobierno no quita, ni de lejos, para que haya habido un componente propio de cada autonomía y de cada municipio. Echar “la culpa” para arriba tratando de violar la ley de la gravedad es sencillamente absurdo. Como absurdo es reclamarle al Gobierno un giro a la izquierda cuando los votos se han ido, mayoritariamente, a la derecha, al voto en blanco o a la abstención. El hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero, en un gesto que le honra, haya asumido la responsabilidad de la derrota la misma noche electoral no quita para hacer el análisis que cada cual debe hacer de su tierra en el ejercicio de responsabilidad que le corresponde en un partido federal y corresponsable. Primero porque es el mejor servicio que le podemos hacer al proyecto de conjunto; segundo, porque más allá de contexto, hay cuestiones de objetivos, método y estrategia que revelan territorialmente problemas de Partido estructurales, más allá de lo coyuntural (la caída aún más profunda que en 2007 en algunas regiones, o la pérdida de voto urbano de modo generalizado); tercero, porque no vale decir que otros territorios han bajado más, porque esto dice muy poco de la capacidad de gestión de la propia autonomía; cuarto, porque los ejercicios de corresponsabilidad ayudan a un mejor encaje federal (del mismo modo que el Estado exige corresponsabilidad fiscal y de gasto a las Comunidades en el contexto de crisis… y nosotros pretendemos ser el Partido que más se parece a España).

No podemos, por tanto, echar la culpa al Partido, como si fuera un ente abstracto y ajeno, porque cada uno, en su medida y territorio, es Partido.

Así pues, recopilando, sí es cierto que no se ha explicado bien el mensaje anti-crisis, pero a esto se ha añadido una falta de profundización territorial del mensaje (salir al contragolpe, diría yo); unido a las salidas, en ciertos territorios, en direcciones para las que las políticas del Gobierno de España eran ajenas, con tal de no verse identificado con la crisis; y errores estructurales que ya se acusan de modo inexcusable. Es, en palabras que alguno ya me ha oído, como si la señal saliera ya débil de Torrespaña, pero además no hubieran funcionado ciertos repetidores, con lo que a las casas no llegaba nuestro mensaje. Y justo termina por estar el grueso del error donde alguno pensó que estaba el acierto: si se hubiera estado explicando lo realizado en lugar de haber permanecido ajeno a ello, el resultado hubiera sido más satisfactorio.

El otro error, decía, en el que no debemos caer, y parece que lo hacemos en ciertos ámbitos, es el de culpar al electorado. Ni las victorias y derrotas electorales son inmerecidas ni los castigos exagerados. Son los que son. La decisión de los electores es algo casi sagrado. Y si han tomado esa opción hay que respetarla y aceptarla, y ponerse uno a mirar lo que ha hecho mal, sin buscar atajos. Si los electores han apoyado a Bildu, a UPyD o demás formaciones que nos pueden hacer más o menos gracia, hay que mirarse por qué uno pierde los votos, no ver por qué los ganan los demás. Es ahí donde debe residir nuestro ejercicio de grandeza, en ver el fallo nuestro, en lugar de quejarse por el acierto ajeno. Y es éste el primero paso para volver a crecer.

De otro lado, hay que añadir que aquí se buscan causas, pero no culpas. El sentimiento de culpa es algo propio de patio de colegio y de reducciones simplistas e inquisitoriales de lo que necesita sosiego y profundidad de análisis. Es grave, por tanto, pedir cabezas. Ello desvela que no se ha entendido la profundidad de la herida, y que se anda ciego en cortar cabezas en busca de quedarse con la corona que ciñen. El análisis de responsabilidad, como he dicho, es transversal, porque el Partido, en la medida de cada cual, es cada uno; por lo que, si se cae la estatua entera, hay que ver también qué ha pasado en el pedestal.

Entrando más en lo interno, sólo un par de reflexiones.

La primera es que la modernización vivida por el Partido en los métodos de trabajo (no tanto en lo ideológico, que también) que arrancaron del 35 Congreso del PSOE necesita una actualización. Lo triste es que muchos de esos métodos que ya necesitan de actualización no han calado territorialmente, sobre todo en el nivel de Agrupaciones Locales. Por tanto, cuando a nivel federal ya hace falta una actualización de métodos, los métodos anticuados no han llegado, por mucho esfuerzo emprendido, a romper las inercias o los medios en los niveles orgánicos territorialmente inferiores. Aquí, a mi juicio, reside una razón de que la derrota de este proyecto haya sido, en primer lugar, autonómica y municipal.

La segunda es en relación con las elecciones primarias. Quien verdaderamente está decidido a presentarse sigue adelante, como se ha demostrado en los procesos vividos tanto en 1998 como, recientemente, en 2010. De otro lado, quien sí se presenta y acaba por no tener rival no puede recibir reproche, porque tiene la legitimidad de seguir adelante, y tiene también la indefensión de la falta de contraste. En este ámbito sólo hemos cometido dos errores: hablar de cuestiones internas cuando quizás nuestra base social demandaba una reflexión de la derrota; y no haber hecho calar en la militancia (y en la sociedad afín) la idea básica de que las primarias son una opción para ver quién encabeza un proyecto institucional (en contraposición al Congreso, que es un proceso orgánico) y, no sólo eso, sino la opción que se da cuando hay más de un candidato, hecho que no siempre debe darse (y aquí viene el matiz) necesariamente.

Por último, sólo advertir sobre quienes usan de su columna en periódico, o de Internet y las redes sociales para tratar de dar clases, sin carnet, y sentar cátedra sobre cómo debe el PSOE solucionar la cuestión. Recordemos que, hoy en día, se puede ser un polemista tremendo con tal de aumentar las entradas en la página correspondiente con el consiguiente ingreso pingüe por publicidad o por venta de periódicos, de modo tal que Savonarola, en los tiempos que corren, puede estar encendiendo la hoguera de las vanidades… con los bolsillos llenos. En resumen, y por citar también a Felipe González, hay que escuchar a la “opinión pública” y no a la “opinión publicada”.

Supongo que, con cafés y diálogos, estas opiniones madurarán. Al menos, espero que el esbozo sirva como aportación, aunque sólo sea para dar salida a inquietudes diferentes.

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Música para acabar la semana.

Un poco de circuito madrileño.

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No sólo el guión.

La manufactura del cine británico siempre se ha basado en muy buenos guiones, pero también en la impecable puesta en escena, en los escenarios y en el vestuario, tanto del cine de época como del que se ambienta en años más recientes.

“Ana de los mil días”, “Cromwell”, “Un hombre para la eternidad” son películas ambientadas en los siglos XV, XVI y XVII y desarrollan enormes despliegues de puesta en escena y vestuario, sin que el cine europeo continental o el cine americano les hayan logrado hacer sombra.

Recientemente hay dos títulos que quiero destacar. Por un lado, “La Duquesa“, en la que Keira Neightly interpreta a la duquesa de Devonshire, esposa del estricto duque, interpretado por Ralph Fiennes, obsesionado tanto por su carrera política como por perpetuar su saga con un varón, verdadero motivo de su matrimonio.
imagen la duquesa 5 No sólo el guión.

En esta película, volvemos a ver el despliegue del cine británico, que no ha perdido su capacidad de llevarnos al ambiente de cada época, con todo lujo de palacios, campiñas, jardines, vestidos, música, bailes…

Y por otro lado, la genialidad de “El discurso del rey“. Ya no sólo por el reflejo más o menos fiel y poco caracterizado de la llegada de Eduardo VIII y Jorge VI al trono, sino porque, aunque apenas se ambienta ocho décadas atrás, logra hasta en el último detalle (desde el micrófono del principio de la película hasta los nudos de la corbata del príncipe Alberto, pasando por los sombreros de la princesa Isabel) a la época en que se desarrolla. Pero lo importante no es sólo que te transporte en lo que a la realeza se refiere: la casa, la ropa, el jersey de lana, la tetera, el sofá de la casa de Lionel Logue (interpretado por Geoffrey Rush) son los de una familia de clase media británica de aquella época.

el discurso del rey 300 px No sólo el guión.

Y, ciertamente, con ambientaciones así, se tiene hecha casi media película, respaldada por guiones sólidos, donde la realidad histórica no sale mal parada de las aportaciones originales.

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Música para acabar la semana.

Would you mind if I just…?

 

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¿Collage?

No hay más ruido en la noche que el jodido despertador, convertido en instrumento de insomnio. Apaga el Sol, que hace frío. 1-7-8-9, el año de la Revolución. La cara del marino cuando ve que el barco que se aproxima también se ha amotinado. No te tiñas de rubia si tienes las cejas negras. Variaciones: piedra, papel y mechero. Lo que no sé es cómo no terminamos en la cama. Bueno, en realidad, terminamos en la cocina, menos mal. Me bajó una musa y me quedé dormido. A la mañana siguiente vino otra, y no me acordaba de lo que me dijo la anterior. El nuevo mensaje era más sobrio.

¿Has dicho John Coltrane? Esa señora me pirra. ¿Tarta al whisky? Dame tarta y luego ya veremos lo que bebo. El 90% de las escaleras del Metro tienen un número impar de escalones. ¿Puede ser la línea recta el camino más corto hasta tus curvas? Que alguien le diga a los Who que no se muevan de la pared. El Metro de Madrid está lleno de encuentros casuales, y eso nos lo permite y fomenta la velocidad que lleva. El Sol que se filtra por la persiana.

Nada es lo que parece. Bautismo de fuego no es meter la cabeza del niño en una hoguera. Seremos de todo menos cursis. Lo que no entiendo es cómo terminó aprobando Economía Política. Gente que no usa auriculares y gente que, aunque los use, nos transmite su música por encima del volumen de la nuestra. Ascendiendo para el cadalso, en Montmartre. Esos zapatos de punta, raídos. No puedes estar otros 20.000 kilómetros sin cambiar el aceite. Camisas a medida, a medida de once varas. Tiene cuentos dentro del cuento. No trabaja porque está contra el sistema. País extremista: o apesta a sudor o a perfume empalagoso. Dos gripes al año equivalen a cincuenta películas. Madre, cambie este pañuelo porque vuelven los delirios. Carteristas en traje de faena. Café.

Grupo sanguíneo: Merlot, Cavernet-Sauvignon. Petroleros ardiendo. Me mordió el lobizón. Y en el asiento de enfrente, un rostro de repente, barrio malevo, melodía de arrabal. Mienten y saben que mienten. Hay dos Españas y ésta que me he tragado no es la mía. El hambre y la escasez de tiempo son aliadas entre sí, y enemigas del buen comer y del mejor cocinar. Morderte debe ser como darle un viaje a esos bizcochos con pepitas de chocolate. Excusatio non petita, hipoteca denegada. Fumigaré el tomillo con napalm antes de echarlo al cordero asado. Stay, little Valentine, stay ahí quietecita. De todos los cafés del mundo, tuvo que elegir el mío. ¿Cómo? ¿Que no la has visto? Joder, no acierto con las teclas, como si descendiera por tu escote. Vino blanco, muy frío. Ulises, pero con plano nuevo del Metro. Órdago, sin par ni juego, pero con tus cartas.

No existen los santos, ni mucho menos las beatas. La rectitud se define a veces por oposición a los bandazos. Como te coja… te pongo ruedines. Apaga la tele, que se enteren los vecinos. Maldito perro. Anda y mira para otro lado, el problema de la mierda no es sólo no verla, sino no olerla. No critiques lo que no puedes comprender. El tamaño importa. Revisores en el Metro. Vale por un gintonic. Segovia: ese refugio. Habrá que volver a los Lumiere, y empezar de cero, porque en el cine conocemos el principio, no como con la música. Grandes mentiras del mundo. Balada del que nunca fue a Granada. Aquí lo que hay es mucha puta y mucho hijo de puta. Zapatos nuevos. Serás gorrón. Ascensores de medio piso. La fotografía digital es como mear sentado. Ésos sí que sobrepasan niveles.

Carlos III bajó de su caballo y con voz profunda se pasó a la metadona. Palabras que sólo unimos los humanos: matanza y fosas. Los grandes crímenes siempre tienen algún cáncer: Pinochet, Mladic. Tela marinera. ¿Qué precio tiene el valor de trabajar y no cobrar? Eso, eso, sal de la trinchera. Hay algo mejor que estar en el sitio correcto en el momento justo, que es presentarse sin avisar. Cadenas de plata en los tobillos. Ese olor. Por no tener no tiene bañera donde cortarse las venas. Vivir de la novela. Castrados. A eso le llama música para follar. Comisiones bancarias: nuevo sindicato. Subirse solo al ascensor y que te diga que hay sobrepeso de verdugos. Vinieron dos hombres. ¿Interjección o vocativo? El que rindiere plaza al enemigo o se pusiera bajo sus banderas en armas contra España… gol de Iniesta.

Meninas, perros. Bomberos pirómanos con cortinas de humo. Hago chas, y aparezco encima de ti. Venimos en son cubano. Pelusas en la sopa. Los siete males: do, re, mi, fa… Pericia, señor Pullings, pericia. ¿Por dónde íbamos? Ah, sí.

 

 

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Sólo anécdotas. O no.

Vienen tiempos de fuerte reflexión. De causas, de objetivos, de métodos…

En estos días, entre primeras reflexiones y ver porcentajes y datos, se cuelan las anécdotas de cada cual en el colegio electoral en el que ha cumplido con sus deberes de afiliado, como interventor o como apoderado.

Me quedo con dos de tales anécdotas:

En el madrileño barrio de La Elipa, un hombre y una mujer, padres de un niño y una niña, cogen las papeletas del PSOE en la mañana soleada del domingo delante de todo el mundo y les dicen a sus hijos: “hijos, vamos a votar a los mejores, pero esta noche no vamos a ganar”.

En un pueblo de la provincia de Toledo, un asilo ha llevado a sus ancianos a votar al colegio de la localidad. Una vez realizadas las votaciones de cada uno de los mayores, el autobús parte de vuelta. En el patio del colegio, queda un anciano desorientado que sólo es capaz de repetir pausada y metódicamente “el autobús se ha ido, el autobús se ha ido”.

Españolito que vienes al mundo…

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Recuerda: lo malo para ti es bueno para ellos.

Ellos han jugado al cuanto peor, mejor.
Ellos han calculado con toda la frialdad cuánto paro más es necesario para llegar al poder, en lugar de ayudar a solucionarlo.
A ellos no les importan las pensiones, porque quieren un sistema privado; o la sanidad o la educación, porque el neoliberalismo es un “a ver quién corre más rápido”.
Ellos no te han subido las becas, ni han implantado la RBE.
Ellos no ponen ordenadores en las aulas, y asfixian a la Universidad pública.
Ellos, el PP, traen la berlusconización en el maletín.
Por eso, este domingo, vota PSOE.

octav jse Recuerda: lo malo para ti es bueno para ellos.

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Tú no te arrepientas: porque no da igual.

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Resultados.

Hacía un tiempo que no escribía por aquí. Se ha ido liando el último mes, y lamento el descuido, pero no quería dejar pasar abril sin plasmar algunas reflexiones.

Quiero hablar de un tema que no he tratado antes: fútbol. Desde el inicio de este blog, en la pequeña autobiografía que lo acompaña, doy sólo dos pinceladas. Mi equipo es el Atleti, y no trago el bilardismo.

Y aquí quería yo hablar un poco. Claro está que estas líneas no están llamadas a suscitar consenso. Alguno, incluso, dirá que no entiendo de la materia. Paso.

En la semana que dejamos atrás vivimos uno de los encuentros más esperados desde que se supo que iba a tener lugar: una final de Copa entre el Barcelona y el Real Madrid.

Si uno ve jugar al Barcelona, ve una máquina perfecta, un equipo en el que cada jugador sabe con precisión dónde enviar la pelota para que la recoja un compañero, sin mirar siquiera si el compañero está ahí o no, porque no hace falta, porque hay una compenetración propia de un reloj. Y más allá de ello, el Barcelona ha transmitido, de dos años a esta parte, una evolución en el fútbol europeo (islas británicas no incluidas) que se llevaba esperando desde hace años. No quiero que se tome por exageración, pero este Barcelona puede equipararse, por lo que a técnica e innovación respecta, a la Hungría de Puskas, al Brasil del 70, a la Alemania y a la Holanda del 74… Y cuidado porque he mencionado selecciones y no clubes. De otra parte, la serenidad de su entrenador se ha visto pocas veces truncada.

El Real Madrid ha ido detrás, dos años detrás. Tanto en el terreno, como en los valores, como en la imagen. No ha cuajado un equipo, sino una constelación, muchas estrellas, pero necesitaban una mente que las uniera para tratar de formar algún dibujo. Y en esto llegó Mourinho, quien, dos años después, parece haber dado con el dibujo adecuado. Pero ello con dos precios: el uno es mantener en el 11 fijo a Cristiano Ronaldo que, y no es sólo opinión mía, es un lastre para el conjunto, y sólo aporta en la medida que su efectividad individual es elevadísima; el otro precio, el resultadismo.

El Real Madrid, que siempre se preció de dar muy buen juego, se ha vuelto resultadista. Ha optado por encerrarse atrás para encarar al mejor Barcelona de siempre. Y eso, unido a los valores que transmite Mourinho, tiene un nombre que es conocido como una de las dos maneras de entender el fútbol moderno, una de las dos maneras de entender este deporte en los últimos 25 años: bilardismo. No es un equipo, es una maquinaria hecha para ganar, pase lo que pase y se pague el precio que se pague. Si es preciso invertir en juego duro, se hace. Si hay que encerrarse atrás y jugar al contragolpe, se hace.

Ángel Cappa tiene una famosa frase que define las dos escuelas: “El menottismo es como los Reyes Magos: uno espera siempre a los equipo de Menotti con ilusión, sin saber qué le van a traer. Y bilardismo es el señor que le dice al pibe de 4 años: Los Reyes Magos son los padres, así que te doy un pulóver que te hace falta para el invierno y punto”.

Así pues vivimos dos estilos en nuestro fútbol, plasmados el otro día y en estos tiempos. Un menottismo barroco, encabezado por Guardiola, toque, toque, toque, belleza, pero que a veces no culmina en gol… y un post-bilardismo o neo-bilardismo, encarnado en Mourinho, que transmite el hágase lo que sea por ganar.

Yo lo veo así.

seb matthews Resultados.

Stanley Matthews en tiempos donde los postes eran cuadrados.

 

 

 

 

 

 

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