Reflexiones de la derrota.


Han pasado ya unas semanas, en las que he podido escuchar y dar sosiego a los primeros pensamientos posteriores a la derrota del 22 de mayo. Lo primero que quiero dejar claro es que los problemas que relato a continuación no son generales de todos los ámbitos territoriales del Partido, pero sí deben llevarnos a todos a reflexionar, aludidos o no, empezando por mí mismo.

Hay quien ha querido encontrar en las medidas de ajuste realizadas por el Gobierno, en sí mismas consideradas, la explicación de la derrota. Yo no lo veo así en sentido absoluto o totalizante.

En cambio, sí veo que han faltado dos cuestiones claras: una explicación que llegase a la base social del PSOE (elector, simpatizante, afiliado) de las medidas emprendidas, de sus causas, de sus fines y de las otras opciones que se desechaban al tomar las que se han tomado, de una parte; y por otro lado una explicación de la ola neoliberal que hay en Europa y que el PP representa con un guión inmejorable (aquí puede haber quien diga que esto rozaría el haber llamado al voto del miedo, pero a lo que me refiero es, no tanto a una elección de unos por exclusión o miedo de los otros, sino a que, junto con la claridad de nuestro mensaje, no se ha salido al ataque, a desenmascarar el mensaje del contrario con rigor, con seriedad y con una sobriedad mayor del “que viene el lobo”).

De otro lado, hay dos cuestiones en las que no deberíamos caer: un ejercicio simplista de asociación del resultado con la política del Gobierno y, lo último, culpar al electorado de nuestra propia caída.

En el primer caso, que la derrota haya sido generalizada, y que haya tenido más o menos que ver con la política del Gobierno no quita, ni de lejos, para que haya habido un componente propio de cada autonomía y de cada municipio. Echar “la culpa” para arriba tratando de violar la ley de la gravedad es sencillamente absurdo. Como absurdo es reclamarle al Gobierno un giro a la izquierda cuando los votos se han ido, mayoritariamente, a la derecha, al voto en blanco o a la abstención. El hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero, en un gesto que le honra, haya asumido la responsabilidad de la derrota la misma noche electoral no quita para hacer el análisis que cada cual debe hacer de su tierra en el ejercicio de responsabilidad que le corresponde en un partido federal y corresponsable. Primero porque es el mejor servicio que le podemos hacer al proyecto de conjunto; segundo, porque más allá de contexto, hay cuestiones de objetivos, método y estrategia que revelan territorialmente problemas de Partido estructurales, más allá de lo coyuntural (la caída aún más profunda que en 2007 en algunas regiones, o la pérdida de voto urbano de modo generalizado); tercero, porque no vale decir que otros territorios han bajado más, porque esto dice muy poco de la capacidad de gestión de la propia autonomía; cuarto, porque los ejercicios de corresponsabilidad ayudan a un mejor encaje federal (del mismo modo que el Estado exige corresponsabilidad fiscal y de gasto a las Comunidades en el contexto de crisis… y nosotros pretendemos ser el Partido que más se parece a España).

No podemos, por tanto, echar la culpa al Partido, como si fuera un ente abstracto y ajeno, porque cada uno, en su medida y territorio, es Partido.

Así pues, recopilando, sí es cierto que no se ha explicado bien el mensaje anti-crisis, pero a esto se ha añadido una falta de profundización territorial del mensaje (salir al contragolpe, diría yo); unido a las salidas, en ciertos territorios, en direcciones para las que las políticas del Gobierno de España eran ajenas, con tal de no verse identificado con la crisis; y errores estructurales que ya se acusan de modo inexcusable. Es, en palabras que alguno ya me ha oído, como si la señal saliera ya débil de Torrespaña, pero además no hubieran funcionado ciertos repetidores, con lo que a las casas no llegaba nuestro mensaje. Y justo termina por estar el grueso del error donde alguno pensó que estaba el acierto: si se hubiera estado explicando lo realizado en lugar de haber permanecido ajeno a ello, el resultado hubiera sido más satisfactorio.

El otro error, decía, en el que no debemos caer, y parece que lo hacemos en ciertos ámbitos, es el de culpar al electorado. Ni las victorias y derrotas electorales son inmerecidas ni los castigos exagerados. Son los que son. La decisión de los electores es algo casi sagrado. Y si han tomado esa opción hay que respetarla y aceptarla, y ponerse uno a mirar lo que ha hecho mal, sin buscar atajos. Si los electores han apoyado a Bildu, a UPyD o demás formaciones que nos pueden hacer más o menos gracia, hay que mirarse por qué uno pierde los votos, no ver por qué los ganan los demás. Es ahí donde debe residir nuestro ejercicio de grandeza, en ver el fallo nuestro, en lugar de quejarse por el acierto ajeno. Y es éste el primero paso para volver a crecer.

De otro lado, hay que añadir que aquí se buscan causas, pero no culpas. El sentimiento de culpa es algo propio de patio de colegio y de reducciones simplistas e inquisitoriales de lo que necesita sosiego y profundidad de análisis. Es grave, por tanto, pedir cabezas. Ello desvela que no se ha entendido la profundidad de la herida, y que se anda ciego en cortar cabezas en busca de quedarse con la corona que ciñen. El análisis de responsabilidad, como he dicho, es transversal, porque el Partido, en la medida de cada cual, es cada uno; por lo que, si se cae la estatua entera, hay que ver también qué ha pasado en el pedestal.

Entrando más en lo interno, sólo un par de reflexiones.

La primera es que la modernización vivida por el Partido en los métodos de trabajo (no tanto en lo ideológico, que también) que arrancaron del 35 Congreso del PSOE necesita una actualización. Lo triste es que muchos de esos métodos que ya necesitan de actualización no han calado territorialmente, sobre todo en el nivel de Agrupaciones Locales. Por tanto, cuando a nivel federal ya hace falta una actualización de métodos, los métodos anticuados no han llegado, por mucho esfuerzo emprendido, a romper las inercias o los medios en los niveles orgánicos territorialmente inferiores. Aquí, a mi juicio, reside una razón de que la derrota de este proyecto haya sido, en primer lugar, autonómica y municipal.

La segunda es en relación con las elecciones primarias. Quien verdaderamente está decidido a presentarse sigue adelante, como se ha demostrado en los procesos vividos tanto en 1998 como, recientemente, en 2010. De otro lado, quien sí se presenta y acaba por no tener rival no puede recibir reproche, porque tiene la legitimidad de seguir adelante, y tiene también la indefensión de la falta de contraste. En este ámbito sólo hemos cometido dos errores: hablar de cuestiones internas cuando quizás nuestra base social demandaba una reflexión de la derrota; y no haber hecho calar en la militancia (y en la sociedad afín) la idea básica de que las primarias son una opción para ver quién encabeza un proyecto institucional (en contraposición al Congreso, que es un proceso orgánico) y, no sólo eso, sino la opción que se da cuando hay más de un candidato, hecho que no siempre debe darse (y aquí viene el matiz) necesariamente.

Por último, sólo advertir sobre quienes usan de su columna en periódico, o de Internet y las redes sociales para tratar de dar clases, sin carnet, y sentar cátedra sobre cómo debe el PSOE solucionar la cuestión. Recordemos que, hoy en día, se puede ser un polemista tremendo con tal de aumentar las entradas en la página correspondiente con el consiguiente ingreso pingüe por publicidad o por venta de periódicos, de modo tal que Savonarola, en los tiempos que corren, puede estar encendiendo la hoguera de las vanidades… con los bolsillos llenos. En resumen, y por citar también a Felipe González, hay que escuchar a la “opinión pública” y no a la “opinión publicada”.

Supongo que, con cafés y diálogos, estas opiniones madurarán. Al menos, espero que el esbozo sirva como aportación, aunque sólo sea para dar salida a inquietudes diferentes.

,

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)