Resultados.


Hacía un tiempo que no escribía por aquí. Se ha ido liando el último mes, y lamento el descuido, pero no quería dejar pasar abril sin plasmar algunas reflexiones.

Quiero hablar de un tema que no he tratado antes: fútbol. Desde el inicio de este blog, en la pequeña autobiografía que lo acompaña, doy sólo dos pinceladas. Mi equipo es el Atleti, y no trago el bilardismo.

Y aquí quería yo hablar un poco. Claro está que estas líneas no están llamadas a suscitar consenso. Alguno, incluso, dirá que no entiendo de la materia. Paso.

En la semana que dejamos atrás vivimos uno de los encuentros más esperados desde que se supo que iba a tener lugar: una final de Copa entre el Barcelona y el Real Madrid.

Si uno ve jugar al Barcelona, ve una máquina perfecta, un equipo en el que cada jugador sabe con precisión dónde enviar la pelota para que la recoja un compañero, sin mirar siquiera si el compañero está ahí o no, porque no hace falta, porque hay una compenetración propia de un reloj. Y más allá de ello, el Barcelona ha transmitido, de dos años a esta parte, una evolución en el fútbol europeo (islas británicas no incluidas) que se llevaba esperando desde hace años. No quiero que se tome por exageración, pero este Barcelona puede equipararse, por lo que a técnica e innovación respecta, a la Hungría de Puskas, al Brasil del 70, a la Alemania y a la Holanda del 74… Y cuidado porque he mencionado selecciones y no clubes. De otra parte, la serenidad de su entrenador se ha visto pocas veces truncada.

El Real Madrid ha ido detrás, dos años detrás. Tanto en el terreno, como en los valores, como en la imagen. No ha cuajado un equipo, sino una constelación, muchas estrellas, pero necesitaban una mente que las uniera para tratar de formar algún dibujo. Y en esto llegó Mourinho, quien, dos años después, parece haber dado con el dibujo adecuado. Pero ello con dos precios: el uno es mantener en el 11 fijo a Cristiano Ronaldo que, y no es sólo opinión mía, es un lastre para el conjunto, y sólo aporta en la medida que su efectividad individual es elevadísima; el otro precio, el resultadismo.

El Real Madrid, que siempre se preció de dar muy buen juego, se ha vuelto resultadista. Ha optado por encerrarse atrás para encarar al mejor Barcelona de siempre. Y eso, unido a los valores que transmite Mourinho, tiene un nombre que es conocido como una de las dos maneras de entender el fútbol moderno, una de las dos maneras de entender este deporte en los últimos 25 años: bilardismo. No es un equipo, es una maquinaria hecha para ganar, pase lo que pase y se pague el precio que se pague. Si es preciso invertir en juego duro, se hace. Si hay que encerrarse atrás y jugar al contragolpe, se hace.

Ángel Cappa tiene una famosa frase que define las dos escuelas: “El menottismo es como los Reyes Magos: uno espera siempre a los equipo de Menotti con ilusión, sin saber qué le van a traer. Y bilardismo es el señor que le dice al pibe de 4 años: Los Reyes Magos son los padres, así que te doy un pulóver que te hace falta para el invierno y punto”.

Así pues vivimos dos estilos en nuestro fútbol, plasmados el otro día y en estos tiempos. Un menottismo barroco, encabezado por Guardiola, toque, toque, toque, belleza, pero que a veces no culmina en gol… y un post-bilardismo o neo-bilardismo, encarnado en Mourinho, que transmite el hágase lo que sea por ganar.

Yo lo veo así.

seb matthews Resultados.

Stanley Matthews en tiempos donde los postes eran cuadrados.

 

 

 

 

 

 

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