Aznar, ese hombre.


Hay un problema con los ex. Y esto no es un artículo sentimental.

El problema real se da cuando un ex-presidente se dedica desde que deja el cargo a difamar no sólo al principal Partido oponente, sino a su propio país. Regulamos sus incompatibilidades, les damos unos ingresos que compensan esas incompatibilidades, les añadimos unos honores, unos privilegios, una seguridad  e incorporamos unos nombramientos, como el de Consejero de Estado.

Pero el problema viene en el abuso de confianza, que es tanto o incluso mayor que el abuso de la información que ha conocido por razón de su cargo y que es el motivo principal de las incompatibilidades que se le imponen. El abuso de confianza reside en ejercer de Consejero de Estado a los únicos efectos de emitir informes desfavorables sobre las leyes del Gobierno que le ha sucedido, y no ejercer el cargo para mucho más.

El problema viene cuando abusa de la confianza que se deposita en él y se te presenta en la valla de Melilla a poner en solfa la política exterior del actual Gobierno. O cuando coge una tribuna y pone en duda la solvencia de las cuentas públicas cuando el Gobierno y el sector económico y empresarial ya han acordado remar juntos y vender la llamada “marca España” superando las diferencias. Que estas cosas las haga Rajoy, como líder de la oposición, puede ser objeto de reprobación, pero aún tiene la “legitimidad” (dudosa, pero algo más que la de Aznar) de ser el líder de la oposición.

Pero que alguien se prevalga de su posición y privilegios para socavar la credibilidad de España, bajo la excusa blanda de que se está metiendo con el Gobierno, debe comportar unas consecuencias.

Si se va a dedicar a la política activa porque se ha dado cuenta de que Rajoy va a seguir ahí con Cascos y sin él, si decide volver a saltar al campo, no puede tener privilegios de ex. Si se limitara a ser un apoyo, a prestar su colaboración, un mitin aquí, la clausura de unas jornadas allí, todo quedaría en el campo de la buena fe, pero cuando del apoyo se pasa a un plano activo, y más haciendo un daño al país y a la política actual, no tendríamos por qué tratarle con respetos de ex-presidente, sino tratarle como aquello que es, como lo que actúa: un político opositor en activo, por cierto de la peor especie, la de la felonía.

Por suerte, su aportación a la política actual, además de poner en tela de juicio la política exterior y la solvencia económica, ha sido poner en duda el mismo Estado de las Autonomías. Con la seriedad del odio que siempre le ha caracterizado.

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  1. #1 by Gregasmo on 18/01/2011 - 18:13

    ¿Informes desfavorables en el Consejo de Estado? Como mucho, votos particulares a informes elaborados por otros ponentes, como fue el de la propuesta del Gobierno para la reforma de la Constitución, repitiendo argumentos seguramente sacados de algún documento de la F.A.E.S.

    Por lo demás, lo que dice ahora sobre el Estado de las Autonomías no encaja con sus años de gobierno, en los que el proceso descentralizador siguió avanzando: en la primera Legislatura, porque necesitaba el apoyo de los partidos nacionalistas, y en la segunda porque había que culminar el proceso de transferencias. El PP y sus Gobiernos (que son focos de poder, como el poder central) son también Estado de las Autonomías, como se han encargado de recordar los Presidentes de Castilla y León y de La Rioja.

    Y en lo que hace a su conducta, uno piensa que las normas jurídicas no tendrían que entrar a regular aquello que tendría que salir de la mesura y de lo que los italianos llaman “corretezza”, porque verdaderamente se ha hecho indigno de los privilegios de los que es portador. Lo digo porque el Estatuto de los ex-Presidentes del Gobierno podría prever algo así como una declaración de indignidad, que comportaría la pérdida de esos privilegios en caso de que el afectado hubiera causado daño grave a los intereses de España. Sería una pena que hubiera que reformar una norma como ésa para incluir un régimen sancionador de esa índole.

(No será publicado)