“Habitación en Roma”, de Julio Médem.


Sí, puede ser verdad. Muchos dicen que el cine de Médem hay que comprenderlo, que “te tiene que gustar”, pero por suerte para mí, estoy en el grupo de los que les gusta el cine de Médem.

Luego está el otro grupo de idiotas que no quisieron entender el cine documental de Médem, “La pelota vasca”, para más señas. Quizás porque su estrechez de miras es proporcional a su apego por otros tiempos en que la tijera era la reina del celuloide y no les gusta que se den diferentes puntos de vista que no sean los de su monocorde letanía sobre el País Vasco. Pero eso es harina de otro costal.

Con “Habitación en Roma”, Médem logra la narración de una noche de encuentro con el único escenario de una habitación de hotel en la Via dei Coronari, en Roma, cerca de la Piazza Navona, por si alguna vez os da por ir a visitar. Alba y Natasha tienen un encuentro casual en la noche romana y la atracción supera el plano meramente químico, fisiológico y sexual para desvelarse poco a poco en una suerte de coincidencia trascendental, que lo sobrepasa todo, más allá de los meros detalles de la vida de las que hasta entonces han sido dos desconocidas.

Un gran acierto el de Médem en la situación. Quizás yo sólo recuerde “La soga” de Hitchcock como la única película en la que toda la acción se desarrolla en un único espacio. En nuestro caso, una amplia habitación, un balcón idóneo y un mundo que gira en torno a la cama y al ordenador portátil, la única ventana que nos hila al exterior.

Un gran acierto también el juego de tonos ocre de la luz artificial, del amanecer, de la habitación, con el más pálido blanco del baño.

Y la banda sonora, con Russian Red y el tema “Loving strangers”, que Médem hace sonar en los momentos adecuados y en los versos más adecuados aún.

En relación con el reparto, sólo hay un personaje masculino, el empleado, recepcionista, proveedor del hotel, Max, interpretado por Enrico Lo Verso, a quien pudimos ver como espadachín en “Alatriste”.

Ellas, Alba y Natasha, corresponden a una diseñadora de vehículos vallisoletana y a una estudiante de arte, interpretadas por la siempre solvente Elena Anaya (nunca ha defraudado desde que se desveló con “Familia”, de Fernando León) y la novel Nathasa Yarovenko. Y en medio de las subidas de una atracción sexual inmediata y de la curiosidad por la vida de la otra vienen las bajadas, los ataques de fidelidad a sus parejas, la condición humana en su esencia más cruda.

Pero el logro fundamental de Médem es, sin duda, en los tiempos que corren aún (por desgracia) en España y en Italia, dejar patente la posibilidad de elaborar una historia de amor entre mujeres sin que, hasta ahora, nadie ose públicamente poner en duda la solvencia del film sin riesgo de ser tachado, con razón, de homófobo inculto del carajo, porque nadie le podrá hacer otra “crítica”.

Se trata más que de una historia de amor, de una narración sobre la complejidad de la condición humana en el mundo globalizado, donde una española y una rusa, de culturas diferentes, se encuentran a medio camino, en Roma, y dan lugar a alturas y bajadas que, en mayor o menos medida, uno, cualquiera, usted o yo, vive también en el mundo de hoy.

habitacion roma Habitación en Roma, de Julio Médem.

Este artículo también se ha publicado en el blog cultural de JSCL.

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  1. #1 by carlota on 17/01/2011 - 3:10

    De todos los trabajos suyos que he visto “La pelota vasca” es el que más me gusta. De las películas, “Lucía y el sexo” y “Los amantes del Círculo Polar” no me disgustan, pero su opera prima, “Vacas”, me resulta pesada y “Caótica Ana” deja una extraña sensación de descoloque. Es un gran director pero no fácil de entender.

(No será publicado)