Relato: “Resaca”.


Aquí os dejo otro de los relatos que presenté al concurso de mi Agrupación. Se titula “Resaca”.

Resaca.

A veces jugamos a vivir en serio. Y a veces, las más de las veces, perdemos. La crisis no tiene la culpa de todo, aunque ocupe todos los dedos culpabilizadores.

Todo se reduce a despertarse a media noche, empapado en sudor. Estaba en aquel sueño, no era una pesadilla, pero en cuanto apareció, abriste los ojos de vuelta a la cruda realidad.

Paladeas la resaca en medio de la madrugada, te arrastras a la cocina con la intención de beber agua, para volver por donde has venido, al refugio de las sábanas calientes y a poner la cabeza a buen recaudo.

Empiezas a darle vueltas a todo. El despertador te acompaña segundo a segundo en el silencio de la noche. Hay ocasiones en que ningún camino te lleva a Roma, todo se cierra. No hay aparentes explicaciones, sólo las hay crudas, frías, infelices.

Existe una distancia que no se puede medir entre la realidad y el deseo. Pensaste alguna vez en desafiarte a ti mismo, a todo y a todos, y tratar de averiguar lo que pasaría si iniciaras ese trayecto. Ahora, sólo ahora, te cae encima ese piano que te dice que la distancia era mucho mayor.

Has bebido, tratando de huir. Y aquí te tienes. No has llegado demasiado lejos. La represión por el intento de fuga es una enorme resaca. ¿Para qué bebes? No lograrás escapar. Mira de frente lo que tienes por delante. Gírate y mira lo que dejas. Jódete.

Jódete más si te digo que es mucho más ancha la distancia entre lo que creías y lo que era. Te han bajado de un manotazo, como quien mata una de estas mariposas de verano que se quedan aleladas dándose trompazos contra las bombillas.

Madre mía, qué pensamiento tan destructivo te sale con la cabeza como la tienes. Si te vieras… Te dejaron en la puerta dando tumbos, aunque juegas con los silencios cómplices y los diagnósticos benévolos. .

Te das media vuelta, a este terreno en el que la almohada está fresca, y tratas de buscar. Has ido rebotando en las últimas semanas, entrando en esa espiral en la que ninguna salida te convence. Demasiado lejos, demasiado pesado, demasiado fácil, demasiado ruido, demasiado grito, demasiado frecuente. ¿No te ves?

Empieza a amanecer. Hay una tormenta en tu cabeza cuyos rayos y truenos se extienden a un malestar general, en el estómago, en el cuerpo. Te flojean las piernas. Te metes en la ducha como si fuera un salvavidas.

Te miras al espejo. Qué ojeras. La barba. Estás despeinado. Presentas una pinta infame. La cabeza, te duele la cabeza. Te arde. Empiezas a caer en la certeza de que ayer no has llegado más lejos que a la cama. No has escapado. Ruido. ¿Alguien podría apagar el ruido? Gracias.

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