Y en el último Pleno del año…


Pues lo que parecía que podía ser un Pleno tranquilo, como siempre han sido los plenos de diciembre en la Junta de Distrito de Ciudad Lineal, donde la oposición siempre lleva alguna iniciativa menos porque lo que toca es despedir el año junto a los compañeros y compañeras del propio grupo y los integrantes de los demás grupos, terminó de una de las peores maneras posibles.

Veréis: desde que se conociera que “hay que ahorrar energía” y los Plenos se celebran a las 13.30, el Grupo Socialista en señal de protesta ha llevado al Pleno viandas varias, como muestra de que, si lo normal (y lo decoroso) en una institución es hacer un receso para comer, si lo normal es convocar los Plenos a una hora que permita la asistencia de vecinos y de los medios de prensa (ciudadanía y prensa, básicos hasta en la democracia de Distrito), pues a nosotros se nos obliga, se nos empuja a llevar alimentos al Pleno, que en algún caso se ha alargado a la hora de la merienda, más que la de la comida.

Y he aquí que el concejal Troitiño, jaleado por el PP, ha aguantado la situación hasta el Pleno de anteayer, en el que recriminó a mis compañeras de Grupo que dieran cuenta de un pequeño bocadillo. Y quien pone el Pleno a horas indecorosas para con la concurrencia se nos puso a decirnos qué era lo acorde con las normas de urbanidad (él, que dos de cada tres Plenos llega tarde y es quien convoca y preside).

Pero no, no nos equivoquemos. Si el Grupo Socialista decidió levantarse del Pleno e irse no fue porque se recriminase a nuestras compañeras. Fue más bien porque, cuando nuestro concejal Daniel Viondi le pidió la palabra en una cuestión de orden, ya que Troitiño ni nos llamaba al orden ni nos dejaba de llamar pero sí arremetía contra nosotros, el edil derechista (por no mencionarle de nuevo ni ser reiterativo) le niega la palabra a un edil como él, que es Viondi, sin más argumento, ni más profundo, ni más democrático que un “usted no tiene ningún derecho a hablar aquí”. Habló el demócrata y se ganó que el Pleno terminase como no debía, que su gracieta, sus ganas de quedar por encima, le reportasen un final no deseado, donde quedó patente que la urbanidad, el decoro, no pasa por comerse o no un bocadillo, sino por guardar un mínimo respeto a la posición del contrario desde tu posición mayoritaria.

Moraleja: ser mayoría implica que tienes más apoyo, pero no que tengas más razón.

Moraleja segunda: ser mayoría implica que te ha votado más gente, pero a la minoría también la ha votado gente, tan digna como los que te han votado a ti.

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