Deudas, financiaciones, derroches.


Como bien sabemos, el Alcalde de Madrid visitó esta semana al Presidente del Gobierno. El objetivo (más allá de que Gallardón emule a Rajoy o a los presidentes autonómicos tratando de equipararse en una foto con Zapatero en Moncloa), era refinanciar la enorme, monumental, estratosférica deuda que atenaza las arcas municipales y que asciende a la nada desdeñable cifra de 7.145.000.000 euros.

Supongamos que viajamos en un coche (el otro día escuché en el Foro Institucional de JSE una fabulosa metáfora de Marta Gastón sobre la economía española y un coche). Supongamos que nos para la Guardia Civil por exceso de velocidad (en este caso, sería tanto el Gobierno de España como la Comisión Europea por haber hecho saltar todas las alarmas de la estabilidad presupuestaria). Supongamos que el conductor, que es Gallardón, le dice a la Guardia Civil: “mire, es que no llego a la hora”. La respuesta lógica sería “si sale Ud. de casa a la hora, luego puede llevar una velocidad adecuada y llegar”.

Objetivamente, quizás la carretera permitiera más velocidad (un poquito más, pero no ser un temerario al volante). Objetivamente, la financiación de Madrid quizás no esté equilibrada y la capitalidad estatal y regional no esté compensada. Pero esto de que quizás necesitasen un poco más puede ser aplicado en menor medida a Barcelona y el consistorio de la capital catalana no se ha endeudado hasta las cejas. Es más, cuando a uno le pillan a 200 por una carretera de 20, decir que la carretera debería tener un límite de 50 no quita para que ir a 200 sea una barbaridad.

Y ahora, un pequeño repaso de los motivos del exceso:

  • La M-30, esa obra que mayoritariamente emplean quienes no son de la ciudad, y que nos cuesta a los de dentro la friolera de 608.219 euros todos los días hasta el año 2040.
  • Palacio de Cibeles: llevarse al munícipe a un nuevo despacho nos ha costado 510 millones de euros. Por contra, el Ayuntamiento de La Haya, una obra nueva del arquitecto Richard Meier, costó 70 millones.
  • Alquileres de edificios: como el Ayuntamiento tiene poco patrimonio inmobiliario, nótese la ironía, pagamos 52 millones al año en alquileres.
  • Reforma de la calle Serrano: 110 millones de euros en la previsión más inocente.

¿Seguimos?

  • La promoción de la igualdad en Ciudad Lineal no cuesta dinero, porque no hay ni un euro para igualdad.
  • La reforma de las piscinas de Ciudad Lineal no cuestan dinero, porque no hay dinero.
  • La plantilla de agosto de las piscinas (las que quedan abiertas) de Ciudad Lineal (porque en agosto se abren las piscinas, claro, con el calor) no cuesta dinero, porque las piscinas las cerramos en agosto, y no el resto del año.
  • Parchear (porque reasfaltar es un gasto estúpido) el distrito nos va a llevar más de 100 años. ¿Porque pagamos a plazos? No, porque no hay dinero.

Sobre esto mismo, un interesante artículo de Antonio Cartier.

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