Blog Action Day: abrir el grifo.


Te despiertas. Aún es de noche. Agua en el grifo. Agua en la nevera. Un vaso.

Te suena el despertador. La ducha. El café. Los cacharros del desayuno. Hasta fregar. Lavarse los dientes.

Bajas al Metro. Una gotera, un cubo. Dos goteras, dos cubos. Un reguero baja por la pared del túnel.

El trabajo, el servicio, el lavabo. la cisterna que suelta agua.

La comida. Lavarse las manos. Cocer. Fregar. Lavarse los dientes.

Así hasta el final del día. Y eso que sólo he hablado del consumo doméstico.

En cambio, no es todo tan fácil. La ONU declaró el acceso al agua limpia y salubre como un derecho humano en el mes de julio.

En África, las mujeres y los niños vienen a gastar 40.000 horas al año en acceder al agua. Y ya no es sólo por el agua. Esas horas suponen un coste de oportunidad, en términos de no ir a la escuela, no trabajar, no producir, en términos de desarrollo, en definitiva, que condenan no sólo a esas personas, sino a sus entornos, familias, pueblos, países.

Y una vez que han accedido al agua, el cólera, la hepatitis y la salmonella pueden hacer que sea fatal el acceso, en especial para los niños.

La dialéctica Occidente-Este marcó la Guerra Fría. En cierta medida, también la dialéctica Norte-Sur. Ahora, en el siglo XXI, los conflictos diplomáticos, civiles, la competición entre países, el choque de civilizaciones tiene otro talón de Aquiles, más allá de religiones, acceso a energías (petróleo, gas), desarrollo de plantas nucleares. El acceso al agua.

En nuestras manos está evitarlo.

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